Espacio Doméstico (EDOM) es el primer centro de arte en España especializado en la exhibición y divulgación del videoarte. Su singularidad reside en varios elementos excepcionales:

  • Constituye la primera propuesta específica en España dirigida al diseño de una programación enteramente dedicada a la configuración de propuestas expositivas sobre videoarte.
  • Su denominación responde al hecho de que el lugar en el que se sitúa corresponde a dos viviendas anexas antiguas, situadas en el casco antiguo de Blanca, y que se han decidido no reformar para que mantengan su estructura y ambientación de hogar y de ámbito doméstico y cotidiano. El conjunto de ambas viviendas arroja un total de 13 espacios de videoproyección, incluyendo la cocina y los cuartos de baño, que también se utilizarán con fines expositivos.
  • La conservación del ambiente doméstico conlleva que cada una de las salas de proyección posea un fuerte e insoslayable carácter que, evidentemente, acaba “interfiriendo” en la contemplación de la obra. Esto favorece que la suma de “espacio” + “vídeo” de lugar a curiosas e inesperadas instalaciones que se hallan entre lo familiar y lo siniestro.
  • Espacio Doméstico extrae su singularidad de la conservación no sólo de la distribución y de la estética de las viviendas antiguas en las que se sitúa, sino también de la densidad de olores, de tactos que se mantienen vivos en aquellas habitaciones. Frente a la “cultura inhibidora” de los museos —basada en una negación del cuerpo a cuerpo a través de la prohibición del olor, del tacto, del sonido—, Espacio Doméstico plantea una revolución en lo que a estrategias de exhibición se refiere, en la medida que capitaliza toda la historia viviencial del lugar, de manera que lo íntimo interviene decisivamente en lo comunitario, lo doméstico en lo público. El arte, que tradicionalmente ha pertenecido al ámbito de lo “público-masculino”, se manifiesta ahora en el de lo “íntimo-feminino”.
  • Un proyecto de este tipo requiere de unos criterios de “rehabilitación” diferentes a los habituales: “rehabilitar”, ciertamente, no significa aquí recuperar, devolver al origen o, en su defecto, transformar con el objetivo de rejuvenecer. Por el contrario, rehabilitar supone en este caso conservar el “daño”, reivindicar los estragos del tiempo como excepcional e inigualable dispositivo de exibición.